Apreciado lector desconocido:
Estoy fascinada, siento mi espiritu deslumbrado por millones de lucecitas; multitud de preguntas nacen a la vez en mi cabeza con una fuerza y una confusión que me arrojan al imposible mundo de lo inexpresable. No puedo respirar y una violenta palpitación me amenaza con parada cardiaca.
Jamás hubiese imaginado que la presencia de un ser humano pudiera provocar en mí tal entusiasmo. Lloro de alegría y río al mismo tiempo, sin saber a ciencia cierta si he perdido el juicio.
Seguramente te alegrarás por mí ; sin duda habrás entendido al conocer mi reacción , que los humanos necesitamos a las personas, que somos seres sociales por naturaleza.
Pero deja , deja ...deja que los detalles completen el escenario.
Con los pies sangrantes y la boca pastosa de sed, he caminado , he corrido durante dos días seguidos por rígidos follajes más duros que los huesos de viejos esqueletos disecados.
En cuanto pude salir de la destartalada choza que me cobijaba, decidí no mirar hacia arriba, no entregarme a la desesperación , ni permitir que el líquido del color de la sangre que las moskas rojas lanzan durante la noche me cubriese el cuerpo por alguna de sus partes, pues si eso hubiese ocurrido , mi espiritu habría sido absorbido por estas sanguijuelas con alas que crecen en los intestinos de la selva.
Antes de que el sol vencido alcanzara su punto más bajo, esperaba llegar con o sin pies lo más lejos posible y encontrar el camino que conduce al muro verde. Tenía que lograrlo y tenía que defenderme de las bestias feroces y de mí misma. Sin rumbo claro anduve varias horas por una zona de bosque frondoso que no recordaba haber pisado. El alba era silenciosa y fresca y al observar la fisonomía dellugar me parecía que sorprendía con indiscreción el despertar de la naturaleza.
Rodeada por el inmenso y solitario amanecer , la respiración de las plantas y de los animales tomados por el sueño saturaba el aire de amargores perfumados.
Recordaré toda la vida este amanecer desolado y el silencio de las voces que no me han llamado.
Acribillaban los débiles rayos de sol con sus puntas luminosas los troncos y el follaje , percibía claramente el deslizamiento de las serpientes en las lianas , zigzagueaban los pájaros de colores con su vuelo , cuando juzgué necesario tomar un descanso debajo de un cedro sin mentira que me llamaba con los brazos abiertos. Coloqué la cabeza sobre una de sus ramas rastreras y dejé la conciencia en manos del sueño.
Ni cinco minutos llevaba durmiendo cuando desperté en la oscuridad y encontré frente a mí a un campesino medio desnudo , malamente ataviado; cuando ví a un ser tostado con ojos de fuego negro con una flecha clavada en el hombro y un arco colgando de la otra mano que me miraba lúgubremente en una noche azul como he visto pocas.
Boquiabierta, incapaz de apartarme , me he acercado a este espectro de mi esperanza como si la selva me llevara hasta él de la mano.
Estoy segura de que no es agresivo. No me preguntes porqué lo deduzco.
Estoy fascinada, siento mi espiritu deslumbrado por millones de lucecitas; multitud de preguntas nacen a la vez en mi cabeza con una fuerza y una confusión que me arrojan al imposible mundo de lo inexpresable. No puedo respirar y una violenta palpitación me amenaza con parada cardiaca.
Jamás hubiese imaginado que la presencia de un ser humano pudiera provocar en mí tal entusiasmo. Lloro de alegría y río al mismo tiempo, sin saber a ciencia cierta si he perdido el juicio.
Seguramente te alegrarás por mí ; sin duda habrás entendido al conocer mi reacción , que los humanos necesitamos a las personas, que somos seres sociales por naturaleza.
Pero deja , deja ...deja que los detalles completen el escenario.
Con los pies sangrantes y la boca pastosa de sed, he caminado , he corrido durante dos días seguidos por rígidos follajes más duros que los huesos de viejos esqueletos disecados.
En cuanto pude salir de la destartalada choza que me cobijaba, decidí no mirar hacia arriba, no entregarme a la desesperación , ni permitir que el líquido del color de la sangre que las moskas rojas lanzan durante la noche me cubriese el cuerpo por alguna de sus partes, pues si eso hubiese ocurrido , mi espiritu habría sido absorbido por estas sanguijuelas con alas que crecen en los intestinos de la selva.
Antes de que el sol vencido alcanzara su punto más bajo, esperaba llegar con o sin pies lo más lejos posible y encontrar el camino que conduce al muro verde. Tenía que lograrlo y tenía que defenderme de las bestias feroces y de mí misma. Sin rumbo claro anduve varias horas por una zona de bosque frondoso que no recordaba haber pisado. El alba era silenciosa y fresca y al observar la fisonomía dellugar me parecía que sorprendía con indiscreción el despertar de la naturaleza.
Rodeada por el inmenso y solitario amanecer , la respiración de las plantas y de los animales tomados por el sueño saturaba el aire de amargores perfumados.
Recordaré toda la vida este amanecer desolado y el silencio de las voces que no me han llamado.
Acribillaban los débiles rayos de sol con sus puntas luminosas los troncos y el follaje , percibía claramente el deslizamiento de las serpientes en las lianas , zigzagueaban los pájaros de colores con su vuelo , cuando juzgué necesario tomar un descanso debajo de un cedro sin mentira que me llamaba con los brazos abiertos. Coloqué la cabeza sobre una de sus ramas rastreras y dejé la conciencia en manos del sueño.
Ni cinco minutos llevaba durmiendo cuando desperté en la oscuridad y encontré frente a mí a un campesino medio desnudo , malamente ataviado; cuando ví a un ser tostado con ojos de fuego negro con una flecha clavada en el hombro y un arco colgando de la otra mano que me miraba lúgubremente en una noche azul como he visto pocas.
Boquiabierta, incapaz de apartarme , me he acercado a este espectro de mi esperanza como si la selva me llevara hasta él de la mano.
Estoy segura de que no es agresivo. No me preguntes porqué lo deduzco.
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