martes, 24 de mayo de 2011

DESDE EL YUCATÁN CON AMOR II

         
  Querido desconocido/a:
 Si un día entraras en este blog , si por casualidad un día, después de mucho navegar por las incomprensiblemente laberínticas aguas de la red, recalaras en este humilde refugio y haciendo caso omiso de la fatiga me leyeras ; es mi deseo que aquí encuentres un poquito de paz y una lucecita de alivio.
 Ah! y si ese día ,una excesiva dosis de realidad hubiese infundido en tu ánimo  el imperioso deseo de huir , aquí te invito a la seguridad de los sueños. Estoy segura de que viajar con las palabras  te convertirá en presa dificil del aburrimiento.
  Como ya sabes  estoy en el Yucatán desde hace cuatro siglos ¿ O son cinco?. No sé .. he perdido la noción del tiempo.
A corazón abierto quiero confesarte  que la selva lacandona  no es el lugar más propicio para desertar del pesimismo ,y sí , el sitio perfecto para perder el juicio.
  Quise llegar aquí , al inmenso territorio donde los antiguos humanos dejaron escondida su historia  para respirar el aire libre de la libertad, el aire que se derrama como un alto don  sobre  todos los hijos de la Madre Tierra . Y para encontrarme con dos monos que pusieron  pies en polvorosa  cuando neurólogos  del mundo entero se lanzaron a explorarles el cerebro para demostrar   que  el cerebelo humano no distingue  entre lo experimentado  y lo contemplado con empatía e intesidad.
  Quise llegar a este lejano lugar donde los árboles extienden  sus ramas hasta casi donde nace la luz, pero la jungla - después  de un andar cada vez más fatigoso- se ha cerrado  tras de mí como una tumba.
 Ahora estoy convencida de  que nunca encontraré a Alfa y Omega  y de que el verdor sepulcral se los ha tragado como una boca de sapo a dos mosquitos y de que la posibilidad de dejar el Yucatán retrocede ante mis ojos  como un fantasma.
 No estoy diciendo cualquier cosa, querido desconocido, esta selva está infectada de unas moskas rojas que se alimentan de almas y que caen desde las alturas para explotar como bombas sobre cualquier cosa viva.
   Tiritando de fiebre  he pasado ya tres días . He gastado  todas mis provisiones y me siento morir de cansancio desorientada y sola  en  esta tierra de  serpientes y de cagadas de pajarracos.
  Una de esas moskas rojas lucha por llegar a mí en la oscuridad, bombardeando  mi cabeza con larvas empapadas en un liquido del color de la sangre del espiritu .
 Durante  toda la noche , el misterio de estos bichos combinado con la irrealidad  de los árboles me ha hecho llorar  como un bebé desamparado y no se me pasa por la mente otra cosa que cerrar los ojos ante la  ferocidad de la jungla  y sus enormes raices de apoyo.
  No quiero morir, aún me domina el poderoso deseo de escribir  y se supone que éste no es el mejor modo de desaparecer.
  Tengo que encontrar una salida antes de que la fantasía se haga realidad.
Aunque la noche me envie nuevos castigos y los escorpiones y las moskas me tomen por una tonta lombriz , aún me queda mi alma . 

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