Querido desconocido/a:
Si un día entraras en este blog , si por casualidad un día, después de mucho navegar por las incomprensiblemente laberínticas aguas de la red, recalaras en este humilde refugio y haciendo caso omiso de la fatiga me leyeras ; es mi deseo que aquí encuentres un poquito de paz y una lucecita de alivio.
Ah! y si ese día ,una excesiva dosis de realidad hubiese infundido en tu ánimo el imperioso deseo de huir , aquí te invito a la seguridad de los sueños. Estoy segura de que viajar con las palabras te convertirá en presa dificil del aburrimiento.
Como ya sabes estoy en el Yucatán desde hace cuatro siglos ¿ O son cinco?. No sé .. he perdido la noción del tiempo.
A corazón abierto quiero confesarte que la selva lacandona no es el lugar más propicio para desertar del pesimismo ,y sí , el sitio perfecto para perder el juicio.
Quise llegar aquí , al inmenso territorio donde los antiguos humanos dejaron escondida su historia para respirar el aire libre de la libertad, el aire que se derrama como un alto don sobre todos los hijos de la Madre Tierra . Y para encontrarme con dos monos que pusieron pies en polvorosa cuando neurólogos del mundo entero se lanzaron a explorarles el cerebro para demostrar que el cerebelo humano no distingue entre lo experimentado y lo contemplado con empatía e intesidad.
Quise llegar a este lejano lugar donde los árboles extienden sus ramas hasta casi donde nace la luz, pero la jungla - después de un andar cada vez más fatigoso- se ha cerrado tras de mí como una tumba.
Ahora estoy convencida de que nunca encontraré a Alfa y Omega y de que el verdor sepulcral se los ha tragado como una boca de sapo a dos mosquitos y de que la posibilidad de dejar el Yucatán retrocede ante mis ojos como un fantasma.
No estoy diciendo cualquier cosa, querido desconocido, esta selva está infectada de unas moskas rojas que se alimentan de almas y que caen desde las alturas para explotar como bombas sobre cualquier cosa viva.
Tiritando de fiebre he pasado ya tres días . He gastado todas mis provisiones y me siento morir de cansancio desorientada y sola en esta tierra de serpientes y de cagadas de pajarracos.
Una de esas moskas rojas lucha por llegar a mí en la oscuridad, bombardeando mi cabeza con larvas empapadas en un liquido del color de la sangre del espiritu .
Durante toda la noche , el misterio de estos bichos combinado con la irrealidad de los árboles me ha hecho llorar como un bebé desamparado y no se me pasa por la mente otra cosa que cerrar los ojos ante la ferocidad de la jungla y sus enormes raices de apoyo.
No quiero morir, aún me domina el poderoso deseo de escribir y se supone que éste no es el mejor modo de desaparecer.
Tengo que encontrar una salida antes de que la fantasía se haga realidad.
Aunque la noche me envie nuevos castigos y los escorpiones y las moskas me tomen por una tonta lombriz , aún me queda mi alma .
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