martes, 31 de mayo de 2011

DESDE EL YUCATAN CON AMOR ( Adieu!)

  Estimado lector desconocido:
 No me lees . Lo noto y siento avanzar en mí la creciente parálisis del aburrio. Tal vez nunca llegues a saber que estoy en el Yucatán, en el infierno de las fantasías y que no me divierto mucho .
  Estoy por cerrar los ojos, levantar el vuelo y volver a los asuntos de mi mundo interior, a su poética blandura un tanto encallecida y encanallada después de tantos acontecimientos , salidas y entradas  en este acuático espacio; o ponerme a leer "Historia universal de la naturaleza y teoría del cielo".¡Impresionante  título!  ¿ Verdad?... Pero primero voy a terminar  esta jodida palabrería con título.
   A pesar de los escalofríos , de las fiebres  y de una diarrea tan violenta  que más de una vez me ha hecho pensar que se me salían las  tripas con la porquería, sigo viva  y mejorando ,( a Dios gracias  y a  los cuidados de  Yamumé , un indio lacandón descendiente de los mayas  que  me da a beber  diariamente  un líquido incoloro extraido de una planta mágica que sin duda contiene principios curativos que sólo él conoce) mejorando, mejorando.
  Después de  su inesperada aparición caí en un estado mental en el que unicamente veía ojos negros como el carbón capaces de cualquier cosa. Luego todos los colores empezaron a perder brillo. Los colores  se enfriaron, se suavizaron hasta tornarse  en azul , en gris y en oscuridad absoluta . Una neblina opaca me envolvió y sólo pude escuchar gritos, parloteos de monos urbanizados y una suerte de rezos extraños en una forma rudimentaria de lenguaje.
  A los dos días , a la caida del sol, desperté  en medio de un valle verde placentero y totalmente inhabitado . Podía mirar  lejos sin llegar a ver ningún   ser humano mas que el que caminaba tirando de mí y de unos exhaustos monos  que parecían demasiado enfermos para poder andar. Sus ensangrentadas y peludas cabezas todavía sostenían cientos de moskas rojas comedoras de espiritu, y el viento  trajo  a mis oidos quizás el más  solitario de los sonidos  que  uno pueda oir : el lamento de los seres  sin alma.
  Yamumé  nos arrastró  hasta que llegamos a un riachuelo de agua fresca  y allí acampó  mientras que el dios del Viento soplaba  y soplaba  friamente. Por primera vez en mucho tiempo pude ver fuego y pude ver la  luna  y  algunas  estrellas que me hicieron pensar seriamente en el  regreso a mi mundo de  siempre.  Yamumé  sacó unos  bultos de una  especie de manta que portaba anudada al cuello  , nos tendió sobre el terreno ,  nos alimentó con una pasta del color de los frijoles y veló durante   toda la noche para protegernos de la fiebre y de sus criaturas .
 Vomitamos varias veces y temblamos en la oscuridad tratando de soportar y de sufrir sin llanto , agradeciendo el  único trozo caliente de piel humana  desconocida que de vez en cuando nos tocaba la frente y el rostro. En esos momentos  creía escucharle  ordenandonos: " Dormid , dormid hasta que sintais el frío de la mañana"
 Al día siguiente  nos movimos a  través de  cualquier  terreno imaginable. Algunas mañanas nos despertabamos en un  campo de flores altas y amarillas , grandes , en las  que  todavía brillaba el rocío del amanecer; y otras  teniamos que escalar pequeñitas montañas que hacían más  dificultosa nuestra marcha.
 Yamumé nunca hablaba y Alfa  y Omega  se habían convertido en  dos lagartos  asustados  que observaban ansiosamente si algún insecto se deslizaba desde las ramas altas  a las más bajas  buscando  alguna cosa comestible. Cuando se acercaban peligrosamente  chillaban enojados  hasta que  Yamumé  les hacía inhalar el fuerte perfume  de unas  flores con forma de luna.
  Muchas  veces paramos, haciamos paradas en la noche , y poco a poco  fui aumentando mi conocimiento de  palabras ,  de las palabras  que salían a veces de la boca de Yamumé   y con ellas   señalando a lo largo de nuestras jornadas, tal o cual flor . Pronto pude preguntar con lo que había aprendido de su lenguaje y me contó que su aldea no estaba lejos, que él la había abandonado semanas atrás para ejercitarse en la caza con arco y flechas y así poder cobrarse pequeñas piezas de carne que podría  añadir a la dieta de su comunidad . También pude saber  que  había encontrado a los monos cerca del muro verde , malheridos y sin fuerzas para huir de las moskas rojas que habían avanzado siguiendome .
  Durante el viaje aprendí cosas que nunca olvidaré. Yamumé me contó que si una serpiente penetra en los sueños de un hombre, su mujer concibe si al día  siguiente  tiene  relaciones con ella , y que si la mata , la familia del asesino no tiene  hijos varones en veinte generaciones. También  me sorprendió durante nuestras conversaciones confesando que para ellos el Amor es  una aptitud múltiple que no se satisface  con un solo ser. En su tribu se aman a los hijos, a los padres, al sol , a los árboles  propicios, al agua , al viento , a la  Tierra que provee las necesidades humanas, a la noche, al día , al fuego, al  Amor .
 A pesar de que la aldea era  pequeña nos sentimos bien recibidos y nos ofrecieron cobijo hasta que un día quisimos soñar  que abandonabamos el Yucatán  , que unas brumas espesas cubrían el mar , que olía a pescado vivo y que el viento empezó a girar tan deprisa  que fue preciso navegar con el trinquete.

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