Estimado lector desconocido:
No me lees . Lo noto y siento avanzar en mí la creciente parálisis del aburrio. Tal vez nunca llegues a saber que estoy en el Yucatán, en el infierno de las fantasías y que no me divierto mucho .
Estoy por cerrar los ojos, levantar el vuelo y volver a los asuntos de mi mundo interior, a su poética blandura un tanto encallecida y encanallada después de tantos acontecimientos , salidas y entradas en este acuático espacio; o ponerme a leer "Historia universal de la naturaleza y teoría del cielo".¡Impresionante título! ¿ Verdad?... Pero primero voy a terminar esta jodida palabrería con título.
A pesar de los escalofríos , de las fiebres y de una diarrea tan violenta que más de una vez me ha hecho pensar que se me salían las tripas con la porquería, sigo viva y mejorando ,( a Dios gracias y a los cuidados de Yamumé , un indio lacandón descendiente de los mayas que me da a beber diariamente un líquido incoloro extraido de una planta mágica que sin duda contiene principios curativos que sólo él conoce) mejorando, mejorando.
Después de su inesperada aparición caí en un estado mental en el que unicamente veía ojos negros como el carbón capaces de cualquier cosa. Luego todos los colores empezaron a perder brillo. Los colores se enfriaron, se suavizaron hasta tornarse en azul , en gris y en oscuridad absoluta . Una neblina opaca me envolvió y sólo pude escuchar gritos, parloteos de monos urbanizados y una suerte de rezos extraños en una forma rudimentaria de lenguaje.
A los dos días , a la caida del sol, desperté en medio de un valle verde placentero y totalmente inhabitado . Podía mirar lejos sin llegar a ver ningún ser humano mas que el que caminaba tirando de mí y de unos exhaustos monos que parecían demasiado enfermos para poder andar. Sus ensangrentadas y peludas cabezas todavía sostenían cientos de moskas rojas comedoras de espiritu, y el viento trajo a mis oidos quizás el más solitario de los sonidos que uno pueda oir : el lamento de los seres sin alma.
Yamumé nos arrastró hasta que llegamos a un riachuelo de agua fresca y allí acampó mientras que el dios del Viento soplaba y soplaba friamente. Por primera vez en mucho tiempo pude ver fuego y pude ver la luna y algunas estrellas que me hicieron pensar seriamente en el regreso a mi mundo de siempre. Yamumé sacó unos bultos de una especie de manta que portaba anudada al cuello , nos tendió sobre el terreno , nos alimentó con una pasta del color de los frijoles y veló durante toda la noche para protegernos de la fiebre y de sus criaturas .
Vomitamos varias veces y temblamos en la oscuridad tratando de soportar y de sufrir sin llanto , agradeciendo el único trozo caliente de piel humana desconocida que de vez en cuando nos tocaba la frente y el rostro. En esos momentos creía escucharle ordenandonos: " Dormid , dormid hasta que sintais el frío de la mañana"
Al día siguiente nos movimos a través de cualquier terreno imaginable. Algunas mañanas nos despertabamos en un campo de flores altas y amarillas , grandes , en las que todavía brillaba el rocío del amanecer; y otras teniamos que escalar pequeñitas montañas que hacían más dificultosa nuestra marcha.
Yamumé nunca hablaba y Alfa y Omega se habían convertido en dos lagartos asustados que observaban ansiosamente si algún insecto se deslizaba desde las ramas altas a las más bajas buscando alguna cosa comestible. Cuando se acercaban peligrosamente chillaban enojados hasta que Yamumé les hacía inhalar el fuerte perfume de unas flores con forma de luna.
Muchas veces paramos, haciamos paradas en la noche , y poco a poco fui aumentando mi conocimiento de palabras , de las palabras que salían a veces de la boca de Yamumé y con ellas señalando a lo largo de nuestras jornadas, tal o cual flor . Pronto pude preguntar con lo que había aprendido de su lenguaje y me contó que su aldea no estaba lejos, que él la había abandonado semanas atrás para ejercitarse en la caza con arco y flechas y así poder cobrarse pequeñas piezas de carne que podría añadir a la dieta de su comunidad . También pude saber que había encontrado a los monos cerca del muro verde , malheridos y sin fuerzas para huir de las moskas rojas que habían avanzado siguiendome .
Durante el viaje aprendí cosas que nunca olvidaré. Yamumé me contó que si una serpiente penetra en los sueños de un hombre, su mujer concibe si al día siguiente tiene relaciones con ella , y que si la mata , la familia del asesino no tiene hijos varones en veinte generaciones. También me sorprendió durante nuestras conversaciones confesando que para ellos el Amor es una aptitud múltiple que no se satisface con un solo ser. En su tribu se aman a los hijos, a los padres, al sol , a los árboles propicios, al agua , al viento , a la Tierra que provee las necesidades humanas, a la noche, al día , al fuego, al Amor .
A pesar de que la aldea era pequeña nos sentimos bien recibidos y nos ofrecieron cobijo hasta que un día quisimos soñar que abandonabamos el Yucatán , que unas brumas espesas cubrían el mar , que olía a pescado vivo y que el viento empezó a girar tan deprisa que fue preciso navegar con el trinquete.
No me lees . Lo noto y siento avanzar en mí la creciente parálisis del aburrio. Tal vez nunca llegues a saber que estoy en el Yucatán, en el infierno de las fantasías y que no me divierto mucho .
Estoy por cerrar los ojos, levantar el vuelo y volver a los asuntos de mi mundo interior, a su poética blandura un tanto encallecida y encanallada después de tantos acontecimientos , salidas y entradas en este acuático espacio; o ponerme a leer "Historia universal de la naturaleza y teoría del cielo".¡Impresionante título! ¿ Verdad?... Pero primero voy a terminar esta jodida palabrería con título.
A pesar de los escalofríos , de las fiebres y de una diarrea tan violenta que más de una vez me ha hecho pensar que se me salían las tripas con la porquería, sigo viva y mejorando ,( a Dios gracias y a los cuidados de Yamumé , un indio lacandón descendiente de los mayas que me da a beber diariamente un líquido incoloro extraido de una planta mágica que sin duda contiene principios curativos que sólo él conoce) mejorando, mejorando.
Después de su inesperada aparición caí en un estado mental en el que unicamente veía ojos negros como el carbón capaces de cualquier cosa. Luego todos los colores empezaron a perder brillo. Los colores se enfriaron, se suavizaron hasta tornarse en azul , en gris y en oscuridad absoluta . Una neblina opaca me envolvió y sólo pude escuchar gritos, parloteos de monos urbanizados y una suerte de rezos extraños en una forma rudimentaria de lenguaje.
A los dos días , a la caida del sol, desperté en medio de un valle verde placentero y totalmente inhabitado . Podía mirar lejos sin llegar a ver ningún ser humano mas que el que caminaba tirando de mí y de unos exhaustos monos que parecían demasiado enfermos para poder andar. Sus ensangrentadas y peludas cabezas todavía sostenían cientos de moskas rojas comedoras de espiritu, y el viento trajo a mis oidos quizás el más solitario de los sonidos que uno pueda oir : el lamento de los seres sin alma.
Yamumé nos arrastró hasta que llegamos a un riachuelo de agua fresca y allí acampó mientras que el dios del Viento soplaba y soplaba friamente. Por primera vez en mucho tiempo pude ver fuego y pude ver la luna y algunas estrellas que me hicieron pensar seriamente en el regreso a mi mundo de siempre. Yamumé sacó unos bultos de una especie de manta que portaba anudada al cuello , nos tendió sobre el terreno , nos alimentó con una pasta del color de los frijoles y veló durante toda la noche para protegernos de la fiebre y de sus criaturas .
Vomitamos varias veces y temblamos en la oscuridad tratando de soportar y de sufrir sin llanto , agradeciendo el único trozo caliente de piel humana desconocida que de vez en cuando nos tocaba la frente y el rostro. En esos momentos creía escucharle ordenandonos: " Dormid , dormid hasta que sintais el frío de la mañana"
Al día siguiente nos movimos a través de cualquier terreno imaginable. Algunas mañanas nos despertabamos en un campo de flores altas y amarillas , grandes , en las que todavía brillaba el rocío del amanecer; y otras teniamos que escalar pequeñitas montañas que hacían más dificultosa nuestra marcha.
Yamumé nunca hablaba y Alfa y Omega se habían convertido en dos lagartos asustados que observaban ansiosamente si algún insecto se deslizaba desde las ramas altas a las más bajas buscando alguna cosa comestible. Cuando se acercaban peligrosamente chillaban enojados hasta que Yamumé les hacía inhalar el fuerte perfume de unas flores con forma de luna.
Muchas veces paramos, haciamos paradas en la noche , y poco a poco fui aumentando mi conocimiento de palabras , de las palabras que salían a veces de la boca de Yamumé y con ellas señalando a lo largo de nuestras jornadas, tal o cual flor . Pronto pude preguntar con lo que había aprendido de su lenguaje y me contó que su aldea no estaba lejos, que él la había abandonado semanas atrás para ejercitarse en la caza con arco y flechas y así poder cobrarse pequeñas piezas de carne que podría añadir a la dieta de su comunidad . También pude saber que había encontrado a los monos cerca del muro verde , malheridos y sin fuerzas para huir de las moskas rojas que habían avanzado siguiendome .
Durante el viaje aprendí cosas que nunca olvidaré. Yamumé me contó que si una serpiente penetra en los sueños de un hombre, su mujer concibe si al día siguiente tiene relaciones con ella , y que si la mata , la familia del asesino no tiene hijos varones en veinte generaciones. También me sorprendió durante nuestras conversaciones confesando que para ellos el Amor es una aptitud múltiple que no se satisface con un solo ser. En su tribu se aman a los hijos, a los padres, al sol , a los árboles propicios, al agua , al viento , a la Tierra que provee las necesidades humanas, a la noche, al día , al fuego, al Amor .
A pesar de que la aldea era pequeña nos sentimos bien recibidos y nos ofrecieron cobijo hasta que un día quisimos soñar que abandonabamos el Yucatán , que unas brumas espesas cubrían el mar , que olía a pescado vivo y que el viento empezó a girar tan deprisa que fue preciso navegar con el trinquete.